Grandes debates filosóficos sobre la excelencia y 120 kilarros gastados y resulta que todo se reducía al Mito pisoteando el césped con su estilo grosero y arañando un puñado de goles antiestéticos. Lo de siempre, o sea. Yo lo único excelente que vi ayer fue a Robben metiéndose hasta la cocina regateando a todo lo que se le ponía por delante y a un negraco de espalda marmórea que metió una chilena de Capitán Tsubasa. Suplente de suplente, claro. Pajillas antes paraba los balones y ahora los acompaña con la vista hasta que rebotan en el poste; está a cinco centímetros del fracaso (que no de la suplencia). Las victorias, en vez de aprovecharse para corregir los defectos sin agobios, se utilizan como coartada para insistir en ellos. Vivimos en un infierno de cobardes. El que no entienda la dinámica, que le pregunte a Queipo de Llano. Cualquier equipo serio nos va a masacrar, y ahora mismo lo único madridista es desear una lesión de Raúl, y los que me llamen odiador o fundamentalista me la pueden ir comiendo. En fila.